La tarde se alargó y se convirtió en mañana. El ayer quedó ya escrito, quedó latente y vibrando infinitamente lejos, porque cuando el tiempo se expande tanto, los seres que todavía nos llamamos humanos, lo confundimos con el espacio. El mismo que nos llena y nos rodea, mientras nos bañamos en la fina sábana que lo envuelve todo.
Soñé una noche de invierno con la araña de agua. Tejía su tela con finas hebras bajo el denso estanque. Allí todo era más lento, se podía ver como vibraba la red cuando un barquerito quedaba varado en ella. Podía ver como la araña se tomaba toda una vida hasta llegar a su presa, sin perder la paciencia. Allí abajo, donde todo es más lento. Desde un punto inicial a otro final y de forma rectilínea.
Son las 8:28 y ha vibrado el suelo. El banco que hay justo debajo de mi habitación debe abrir su caja fuerte o eso es lo que supongo yo. Vuelve siempre a vibrar entre las 14:00 y las 15:00, coincidiendo cuando cierran sus puertas.
Nosotros vibramos también y no parece más eterno por ello.
El movimiento de las galaxias, la rotación y traslación de todos los astros, una simple vibración. Lo hace el vacío y lo hace la materia en una perfecta y armoniosa danza que los hace ser uno.